AUDIO (Audio: http://media01.radiovaticana.va/audio/ra/00319626.RM) Como la mayoría, hoy entré en la carrera loca de cada día para “ganarme el pan con el sudor de mi frente”. Carrera loca y sudor por las cosas que debo hacer en el trabajo y para mantener el trabajo, en medio de la cruel maquinaria que sigue la misma regla, pero solo en la parte del ganar. El ganar más y más, hasta con los órganos, el alma y la vida de prójimos explotados. El trabajo es una guerra por la tajada más grande de la torta y los débiles, si comen, comen migajas. Pero ¿la tajada más grande de qué cosa, la miga de qué?, ¿es nutritivo el pan por el que gasto mi vida?
Él, no es un panadero. Pero se sembró en nuestra carne como “trigo limpio”. Comparándose con el trigo afirmó: “Si el grano de trigo no muere no da fruto”, y se dejó romper, moler, triturar para alimentar a sus hermanos desnutridos. ¿Cómo nos alimenta? En la cena última, tan misteriosa, pero con el misterio del amor que te hace capaz de entregarte entero por el otro, Él tomo el pan, lo partió y se los repartió diciendo: “Tomen, coman, esto es mi cuerpo que será entregado por ustedes”.
Ellos comieron, pero no entendieron hasta que no lo vieron de nuevo, con el cuerpo perforado por los clavos y la lanza de la ejecución, pero vivo, de pié, resucitado. Y querían más que abrazarlo, querían estar para siempre con Él; dejar de ser ellos mismos para ser por Él, con Él y en Él. Recién ahí comprendieron que el trabajo más productivo y nutritivo es el amor, y que debían consagrarse a su mandamiento, formulado también en la cena última, misteriosa: “Ámense entre ustedes, como los amo yo”.
¿Con qué pan te alimentas?
Corpus Christi 2012 jesuita Guillermo Ortiz
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