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     Home > Iglesia > Noticia del 2013-10-22 17:38:46
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La Iglesia viva vibró unida



REFLEXIONES EN FRONTERA
jesuita Guillermo Ortiz

(RV).- (Con audio) RealAudioMP3 Los dos millones de personas en Roma fueron solo parte de la visibilidad que alcanzó la vida y a unidad de la Iglesia con la beatificación de Juan Pablo II el 1 de mayo de 2011.
Una porción importante de la familia católica del mundo vibró con el mismo rostro multiplicado en carteles, frecuencias de Radio, pantallas de video y de TV. Las estampas con la imagen de un hombre conocido y amado universalmente, revivieron experiencias personales fuertes de encuentro con algo del mismo Dios en la persona y el testimonio de Karol Wojtyla. El sentir popular; ese “sensus fidelium” que se manifestó en el grito: “santo ya” de su funeral, vibró finalmente en la voz de Benedicto XVI cuando exclamó en su beatificación: “El día ha llegado, Juan Pablo II es beato”.

“Abran de par en par las puertas a Cristo” repitió incansablemente JPII en sus 27 años de pontificado. Benedicto dijo en su beatificación, que “Juan Pablo II hizo primero él mismo lo que nos pedía”. “No tengan miedo” agregaba siempre Wojtyla en su clamoroso pedido de abrir las puertas a Cristo. Y Benedicto indicó en su beatificación, que su predecesor “nos enseño a no tener miedo de ser cristianos”. Por esto, una pregunta interesante para el examen personal de conciencia es ciertamente sobre nuestro propio miedo: ¿Qué miedo me impide abrir de par en par las puertas a Cristo en mi vida?

Abandonarme confiadamente en manos del Señor; darle la vida entera en sacrificio de amor y como servicio a los hermanos, es algo que naturalmente puede atemorizar. Juan Pablo II venció en sí mismo ese miedo y con la ayuda del Señor se entregó completamente a Dios y a la gente. ¿Y yo?

Un ruego esencial a Dios, por intercesión del querido Juan Pablo II, es que esa vibración honda y vivificante que experimentamos con la beatificación, se convierta en una respuesta generosa al llamado de Jesús a entrar en nuestra vida.

Si Juan Pablo II abrió las puertas a Cristo y el Señor hizo en él maravillas, también lo puede hacer con nosotros y por su intercesión. ¡Beato Juan Pablo II, ruega por nosotros!




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