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     Home > Iglesia > Noticia del 2014-06-20 19:12:11
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"Es inaceptable que subsistan persecuciones por motivos religiosos”, Papa Francisco por la libertad de fe



(RV).- (audio) RealAudioMP3 El Papa recibió la mañana de este viernes a los integrantes del Convenio Internacional LUMSA con ocasión del congreso dedicado a “La libertad religiosa según el derecho internacional y el conflicto global de los valores”.
El Santo Padre aseguró que es “inaceptable que incluso subsistan verdaderas persecuciones por motivos de pertenencia religiosa”, esto, dijo, “hiere a la razón, atenta a la paz y humilla la dignidad del hombre”.
“Cada ser humano es un ‘buscador’ de la verdad acerca del propio origen y del propio destino. En su mente y en su ‘corazón’ surgen interrogativos y pensamientos que no pueden ser reprimidos o sofocados ya que emergen de lo profundo y son connaturales a la íntima esencia de la persona”, aseguró el Papa. Son preguntas religiosas, dijo, y tienen necesidad de la libertad religiosa para manifestarse plenamente. “Las mismas buscan iluminar sobre el auténtico significado de la existencia, sobre el vínculo que la relaciona con el cosmos y la historia, y pretenden desgarrar la oscuridad que rodea las vicisitudes humanas si tales preguntas no se realizaran y quedaran sin respuesta”. (MZ-RV)

Palabras del Santo Padre:
Queridos hermanos y hermanas:
Los recibo en ocasión de su Congreso Internacional sobre el tema “La libertad religiosa según el derecho internacional y el conflicto global de los valores”, y agradezco al Profesor Giuseppe Dalla Torre por sus amables palabras.
Recientemente, el debate en torno a la libertad religiosa se hizo muy intenso, ya sea interpelando a los Gobiernos que a las Confesiones religiosas. La Iglesia Católica, en relación a este tema, posee una larga historia de apoyo a la libertad religiosa, cuyo culmen es la Declaración Dignitatis Humanae, uno de los documentos más importantes del Concilio Vaticano II.
De hecho, cada ser humano es un “buscador” de la verdad acerca del propio origen y del propio destino. En su mente y en su “corazón” surgen interrogativos y pensamientos que no pueden ser reprimidos o sofocados ya que emergen de lo profundo y son connaturales a la íntima esencia de la persona. Son preguntas religiosas y tienen necesidad de la libertad religiosa para manifestarse plenamente. Las mismas buscan iluminar sobre el auténtico significado de la existencia, sobre el vínculo que la relaciona con el cosmos y la historia, y pretenden desgarrar la oscuridad que rodea las vicisitudes humanas si tales preguntas no se realizaran y quedaran sin respuesta. Dice el Salmista: “Al ver el cielo, obra de tus manos, / la luna y la estrellas que has creado: / ¿qué es el hombre para que pienses en él, / el ser humano para que lo cuides?” (Sal 8, 4-5).
La razón reconoce en la libertad religiosa un derecho fundamental del hombre que refleja su mayor dignidad, la de poder buscar la verdad y de adherirse; y reconocer en ella una condición indispensable para poder desplegar toda su propia potencialidad. La libertad religiosa no es sólo aquella de un pensamiento o de un culto privado. Es libertad de vivir según los principios éticos consecuentes a la verdad encontrada, ya sea privadamente o públicamente. Éste es un gran desafío en el mundo globalizado, donde el pensamiento débil –que es como una enfermedad– disminuye también el nivel ético general, y en nombre de un falso concepto de tolerancia se termina por perseguir a los que defienden la verdad sobre el hombre y sus consecuencias éticas.
Por lo tanto, los ordenamientos jurídicos, estatales o internacionales, son llamados a reconocer, garantizar y proteger la libertad religiosa, que es un derecho intrínsecamente inherente a la naturaleza humana, a su dignidad de ser libre, y es también un indicador de una sana democracia y un de las fuentes principales de la legitimidad del Estado.
La libertad religiosa, considerada en las constituciones y en las leyes, y traducida en comportamientos coherentes, favorece el desarrollo de las relaciones de mutuo respeto entre las diferentes confesiones y su sana colaboración con el Estado y la sociedad política, sin confusión de roles y sin antagonismos. Al lugar del conflicto global de los valores se hace posible en tal modo, a partir de un núcleo de valores compartidos universalmente, una colaboración global en vistas del bien común.
A la luz del entendimiento adquiridos por la razón, confirmados y perfeccionados por la Revelación, y del progreso civil de los pueblos, resulta incomprensible y preocupante que, todavía hoy, en el mundo permanecen discriminaciones y restricciones de derechos por el sólo hecho de pertenecer y profesar públicamente una determinada fe. ¡Es inaceptable que incluso subsistan verdaderas persecuciones por motivos de pertenencia religiosa! ¡E incluso guerras! Esto hiere la razón, atenta a la paz y humilla la dignidad del hombre.
Es para mí un motivo de gran dolor constatar que los cristianos en el mundo sufren el mayor número de esas discriminaciones. Las persecuciones contra los cristianos de hoy es, incluso, más fuerte que en los primeros siglos de la Iglesia, y hay más cristianos mártires que en aquella época. Esto sucede a más de 1.700 años del Edicto de Constantino, que concedía la libertad a los cristianos de profesar públicamente su fe.
Deseo vivamente que su empeño ilustre con profundidad y rigor científico las razones que obligan a cada ordenamiento jurídico, a respetar y defender la libertad religiosa. Les agradezco por esta colaboración. Les pido que recen por mí. De corazón, les deseo lo mejor y pido a Dios que los bendiga. Gracias.

(Traducción Mariana Puebla para Radio Vaticano)




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